¿Necesitamos saber de religiones? El Estado laico y la religión

A pesar de los augurios de muchos intelectuales del siglo XX, las religiones no han desaparecido, al contrario; su influencia es creciente y están presentes en graves enfrentamientos e incomprensiones planetarias. ¿Sabemos de religiones lo bastante como para comprender el mundo en que vivimos? ¿En un Estado laico, el conocimiento académico de la religión es prescindible?

El Estado laico y la religión
La religión en la escuela es una de las asignaturas pendientes para lograr ese pacto educativo que tanto necesitamos. A pesar de que la educación es la mejor inversión para salir de las diversas crisis que nos angustian a medio y largo plazo, es desoladora la incapacidad para alcanzar consensos de largo alcance más allá de intereses partidistas y posturas excluyentes o impositivas que a menudo son la herencia visceral de nuestra torturada historia.

Por desgracia este asunto reactiva cíclicamente el enfrentamiento cultural e ideológico entre la España del confesionalismo nacionalcatólico y la España del laicismo excluyente de la religión y las comunidades religiosas como culturas públicas e institucionales. Sin embargo existe una tercera España laica donde convergen ciudadanos diversos que intentan construir un espacio público habitable para todos y activar el diálogo y la acción colectiva para superar los conflictos y lograr objetivos comunes. Como ha señalado con lucidez el sociólogo Rafael Díaz-Salazar, tenemos la oportunidad histórica de poner fin al cainismo hispano y de construir una España laica y plural donde el arco iris de culturas públicas cultive la amistad cívica entre ciudadanos diversos.

La enseñanza de la religión en la escuela debería darse de modo que fortaleciera y afianzara esa España laica acorde con el modelo de Estado que propone nuestra Constitución y con la realidad social multicultural y multirreligiosa del siglo XXI. A pesar de los augurios de muchos intelectuales del siglo pasado las religiones no han desaparecido. Su influencia en la configuración de identidades personales y colectivas y en la relación o el enfrentamiento entre individuos y pueblos es creciente. Las religiones, especialmente los movimientos de emancipación y de diálogo ecuménico e interreligioso dentro y fuera de las mismas, son un activo muy valioso en la construcción de una ciudadanía cosmopolita.

En este contexto un conocimiento vivo y científico del hecho religioso que capacite para la interpretación de la realidad y la reflexión crítica y autocrítica, la elaboración de respuestas personales bien fundamentadas, el diálogo y la deliberación conjunta entre personas con convicciones religiosas –también ateas o agnósticas– diferentes, es útil y necesario. Ahora bien, la apuesta por la laicidad implica replantear qué significa enseñar religión en la escuela: su finalidad, contenidos, modos de evaluación y profesorado cualificado para impartirla. Supone diseñar y ensayar nuevas fórmulas para lo que puede ser de muy útil conocer la experiencia de otros países –todos los europeos excepto Francia– en los que la enseñanza de la religión está presente en el sistema educativo.

¿Y qué aporta la ley orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), séptima reforma educativa de la democracia, en este ámbito? La religión confesional se mantiene, pero ahora como materia evaluable, equiparándola con las demás a todos los efectos. Se regula como asignatura alternativa Valores Sociales y Cívicos en primaria y Valores Éticos en secundaria. En esta propuesta la Ética desaparece como asignatura troncal, lo que constituye un grave retroceso, especialmente en un momento de crisis de valores en el que el desarrollo de una ciudadanía lúcida, crítica, activa y con convicciones éticas fuertes es imprescindible para la regeneración democrática.

Este modelo consagra la segregación de los alumnos en función de sus opciones religiosas, ya que sólo ofrece la opción de una formación confesional católica, islámica, judía o evangélica, y priva a todos de ese espacio racional común que permite la Ética, una disciplina que les prepara para el diálogo y la deliberación conjunta sobre los grandes asuntos morales.

En cuanto a la opción religiosa confesional, contenidos, programas y selección de profesorado serán realizadas por las autoridades religiosas en cada caso. A la luz de lo expuesto es obvio que la Lomce, a pesar de las pequeñas mejoras que introduce –como acabar con el absurdo de una asignatura no evaluable–, no aborda las cuestiones de fondo ni los nuevos retos.

Dice Martha Nussbaum que la educación no puede centrarse exclusivamente en conocimientos útiles para crear renta. El abandono de la formación en artes y humanidades socava la democracia y la calidad de vida porque limita el desarrollo de capacidades vitales para producir ciudadanos reflexivos y creativos.

Considero que la enseñanza de la religión, adecuadamente planteada, también puede contribuir al desarrollo de la interioridad y de valores posmaterialistas, a la reflexión y el pensamiento crítico, a la conciencia de ser ciudadanos del mundo, a la capacidad de imaginar con compasión las dificultades del prójimo y, sobre todo, de darle sentido a nuestra vida.

Publicado en La Vanguardia.

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