¿Necesitamos saber de religiones? El respeto a la diversidad

Qué papel debe tener una enseñanza religiosa en un Estado laico y una sociedad plural? ¿Es realmente necesaria? La diversidad de respuestas va desde un laicismo que quisiera prescindir de toda referencia religiosa, a unas autoridades religiosas que quisieran controlar en exclusiva la enseñanza más o menos catequética de la religión.

Creo deseable una enseñanza religiosa que enriquezca la relación del estudiante con el pasado, el presente y el futuro. Una enseñanza sobre las religiones como grandes herencias culturales, fuentes de inspiración artística, de valores morales y de interpretaciones de la existencia,sin pasar por alto su frecuente papel como fuentes de conflictividad y de restricción de libertades civiles, en especial las de las mujeres. Eso ayudaría a entender el arte, la literatura, la historia: el pasado. Para entender mejor el presente, debería dar a conocer la diversidad de religiones –y de propuestas que prescinden de postulados trascendentes–, lo cual contribuiría a situar la raíz y el contexto de muchas noticias actuales. Respecto al futuro, debería proporcionar referencias orientativas que puedan resultar útiles en la posterior aventura vital del estudiante, enriqueciendo su libertad, ayudándole a evitar credulidades ingenuas o seguridades banales, y ahorrándole tener que partir de intuiciones individuales que redescubren –en balbuceante tono menor– ideas y experiencias formuladas con mayor profundidad y elegancia a lo largo de la historia.

Respecto a la perspectiva con que se aborde la diversidad, parece lógico que se dedique mayor atención a la religión o religiones más próximas, cuyo conocimiento contribuya más a interpretar el entorno, antes de pasar a ámbitos más lejanos. Esa enseñanza religiosa de énfasis cultural podría ser compatible con opciones confesionales –religiosas o laicas– de las diversas escuelas, tal vez graduando la extensión relativa de la presentación pero cumpliendo unos mínimos razonables en la presentación de la diversidad. Finalmente, el profesor debería ser suficientemente culto, acogedor y respetuoso con la diversidad y también suficientemente crítico, sin ridiculizar agresivamente aquello en lo que no crea. La auténtica formación religiosa debería, en fin, desarrollarse en las comunidades creyentes, y ser mucho más que un conjunto de informaciones y de prácticas rutinarias: convicción, compromiso, exploración, una posible forma de plenitud de vida.

Artículo publicado en La Vanguardia.

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