¿Es necesario sufrir para morir? Atención paliativa

El 75% de la población de nuestro país muere a causa de una o varias enfermedades crónicas progresivas, y alrededor de 100.000 personas las padecen de manera simultánea. Sus causas más frecuentes son la combinación de condiciones como la fragilidad avanzada y varias enfermedades crónicas, el cáncer, las neurológicas progresivas (fundamentalmente, demencias), y las llamadas insuficiencias orgánicas (cardiaca, respiratoria, renal…). Cursan con deterioro progresivo, síntomas múltiples, frecuentes crisis de necesidades de todo tipo (físicas, emocionales, sociales…), y algunas de las que definimos como esenciales (espiritualidad, dignidad, autonomía, afecto, esperanza…) y que generan impacto emocional y sufrimiento, y una alta necesidad y demanda de atención, con uso frecuente de recursos sanitarios.

El final de la vida es una experiencia personal siempre difícil, y requiere una atención orientada a favorecer la adaptación emocional al proceso de pérdidas, apoyar a la familia, y crear unas condiciones de soporte y organización que respondan a las necesidades y demandas de pacientes y familias. Entre los instrumentos de la atención paliativa, el control efectivo de síntomas como el dolor es un paradigma de la buena atención, y disponemos de metodología muy eficaz para controlarlo en la mayoría de casos. El apoyo a la familia incluye la promoción de la capacidad cuidadora, la adaptación a la pérdida y la prevención del duelo complicado. También hemos ido avanzando en la resolución de la mayoría de dilemas éticos del final de la vida, aplicando principios de buena praxis y sentido común. En nuestro país hay experiencias sólidas consolidadas de excelencia de la atención paliativa, de las que Catalunya es un referente mundial.

Los principios de una atención paliativa forman –y deben formar– parte de la esencia de la medicina, asociando una competencia profesional sólida a valores como los de la compasión y el compromiso con los pacientes y sus familias, la comunicación efectiva, la capacidad de trabajar en equipos multidisciplinares, y una organización orientada a los objetivos de los pacientes y familias. Con una buena combinación de todos ellos, se puede alcanzar una atención de excelencia y de ética de máximos, que alivie el sufrimiento, que permita que el siempre complejo proceso de morir se viva dignamente, de acuerdo con los valores y preferencias de cada uno. La práctica de la atención paliativa da sentido profundo a la medicina, combinando los avances en tecnología con los mejores valores de nuestra tradición humanista.

Artículo publicado en La Vanguardia

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