El miedo al diferente. Dominación y exclusión

Las sociedades se han construido siempre a partir de las relaciones de dominación y obediencia colectiva. Este mecanismo opera de maneras obvias o sutiles, pero siempre con un patrón común: una mayoría numérica establece unos rasgos cualitativos que se tienen que cumplir para ser aceptado y delimita las diferencias excluyentes que identifican y clasifican a los segregados.
Entendemos la inclusión y la exclusión social como procesos de estructuración necesarios de los grupos sociales (grandes y pequeños), sin olvidar que surgen de las actitudes individuales expresadas en la diversidad social. El conocimiento o desconocimiento que tenemos del otro, creencias acertadas o equívocas que les atribuimos, percepciones que tenemos… son las informaciones con las que analizamos su realidad. Si añadimos los sentimientos que nos suscita su confrontación (tristeza, asco, miedo, rabia…), tenemos los ingredientes básicos que predisponen para responder con una acción: ayudar, coaccionar, respetar, rechazar, maltratar… Harry C. Triandis define de esta manera cualquier actitud individual ante la realidad social.

La cultura, la economía, la política, las ideologías ofrecen los pretextos que hacen posible la organización social: el género, la raza, el sexo, la religión, la salud, el territorio, la alimentación, el fútbol… sí, sí, también son excusas con las que todo el mundo se identifica o distancia del vecino del lado y se crean grupos sociales. ¿De qué sino los celíacos pagan más caro su pan de cada día, existen escuelas de educación especial, o un equipo de fútbol es más que un club?

Al socializar inquietudes y anhelos, consensuamos las actitudes individuales creando estereotipos, prejuicios, valores y creencias hacia la diferencia. Estos elementos protegen y benefician a una mayoría dominante, mientras obvian o perjudican a las minorías discriminadas. La seguridad, la supervivencia, la ambición o la idealización legitiman todo hito común pero también cualquier injusticia, discriminación o violencia.

Participando de los prejuicios de segregación a menudo aceptamos cierta alienación de nuestros posicionamientos personales, determinando el grado de coherencia, renuncia, contradicción o hipocresía que cada uno tolerará. Las condiciones de cada momento harán que necesitemos revisar el tipo de sociedad que hemos construido, normalizando los malestares, denunciando las injusticias o cometiendo las peores atrocidades de la historia. Llegados a este punto, evitemos el pensamiento único y revisemos nuestra ética individual y colectiva.

Artículo publicado en La Vanguardia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s