¿Tenemos calidad de vida? Más allá del dato del PIB

Es una pregunta conceptualmente tan amplia como subjetiva, y más en épocas de crisis. La calidad de vida es un factor que determina el bienestar social general de los individuos. Hay muchos factores que intervienen a la hora de vertebrar qué entendemos por calidad de vida. El nivel económico no es una premisa determinante, pero ocupa un lugar destacado

¿Qué entendemos por calidad de vida? A buen seguro que filósofos o biólogos sabrán encontrar la mejor respuesta a esta pregunta; los estadísticos nos concentraremos en dar respuesta a: ¿cómo se puede medir la calidad de vida de las personas?

En el mundo de la estadística oficial hay una creciente preocupación por complementar el producto interior bruto (PIB), que mide sólo la riqueza económica producida, con otros indicadores del progreso de la sociedad y del bienestar de la población. Es una constatación bastante compartida que el nivel de PIB de una sociedad no es un indicador lo bastante fino de la calidad de vida de la población. Por este motivo, se pueden encontrar diferentes iniciativas promovidas por la OCDE, la Unión Europea y otras instituciones para mejorar nuestra aproximación a la calidad de vida, sobre la base de reconocer su carácter multidimensional. Algunos de los documentos más conocidos en este contexto son el informe Stiglitz-Sen sobre La medición del progreso, el bienestar y el desarrollo sostenible, la aproximación al tema por parte de la OCDE con la publicación How is life y el informe de la Unión Europea El PIB y más allá: midiendo el progreso en un mundo cambiante.

Para nosotros, el punto de partida obligado es el conjunto de las recomendaciones que provienen del sistema estadístico europeo, y destacamos el informe final del grupo de trabajo sobre medida del progreso, el bienestar y el desarrollo sostenible aprobado en noviembre pasado (Sponsorship on measuring progress, well-being and sustainable development). En este informe se dan más de cincuenta recomendaciones de mejora de la medida de la calidad de vida que se resumen en una tabla de indicadores dividida en nueve dimensiones: condiciones de vida material, actividad laboral, salud, educación, relaciones sociales y ocio, seguridad personal, gobierno y derechos básicos, medio ambiente y satisfacción personal global. No resulta posible en esta columna hacer un tratamiento completo de estas dimensiones, pero sí podemos hacer un repaso de algunos datos interesantes a la hora de medir la calidad de vida en Catalunya.

Por ejemplo, el nivel de instrucción es un excelente indicador de la calidad de vida de la población. En veinte años el nivel de estudios de la población catalana ha mejorado radicalmente. En el año 1991 el porcentaje de habitantes que no habían podido acabar la primaria, incluyendo los que no sabían leer ni escribir, era el 19% de la población, mientras que, de acuerdo con los últimos datos disponibles, este porcentaje baja actualmente hasta el 9%. En el otro extremo, el porcentaje de habitantes que tienen estudios superiores se ha más que duplicado desde 1991, y ha pasado del 6% al 16%. Los progresos educativos para las mujeres todavía han sido más importantes: el porcentaje de mujeres sin estudios se ha reducido, al pasar del 22% al 10%, mientras que el porcentaje de mujeres con estudios superiores ha aumentado del 6% al 17%.

Otro aspecto que tener en cuenta es la salud, en especial la propia percepción que tienen las personas. Cuatro de cada cinco catalanes consideran que tienen buena salud, pero hay que tener presente que esta percepción viene bastante condicionada por el nivel de educación.

Efectivamente, la población más instruida tiene sistemáticamente mejores niveles de salud que la población con nivel de instrucción bajo, especialmente en las edades medias. Así, entre la población de 50 a 64 años, la más instruida declara que tiene buena salud en un 83% de los casos, mientras que entre la población con nivel de instrucción bajo el porcentaje de población con buena salud se reduce al 62%. La evolución de la esperanza de vida de la población catalana ha sido extraordinariamente favorable y se sitúa entre los niveles más elevados del mundo.

Actualmente, la vida media de los hombres se sitúa en 79 años y la de las mujeres en 85 años, al lado de las primeras posiciones del ranking mundial, que lideran países como Nueva Zelanda, Franca, Suiza o Japón. En comparación con 20 años atrás, la expectativa de vida en Catalunya ha aumentado cinco años para los hombres y cuatro para las mujeres.

Si se considera la población en relación con la actividad, la actual coyuntura económica ha hecho aumentar intensamente el número de hogares con todos los miembros activos desocupados, en torno a 200.000 hogares, cuatro veces más que al inicio de la crisis. Uno de cada cinco catalanes está bajo el umbral de riesgo de pobreza y tres de cada cinco hogares llegan con dificultades a fin de mes.

Resulta claro que un reto de futuro en la estadística oficial catalana es evaluar la viabilidad y la oportunidad de mejorar la medida estadística de la calidad de vida siguiendo las recomendaciones antes mencionadas y que se articulan en torno a tres ámbitos temáticos: perspectiva de hogares, renta, distribución y riqueza; medida multidimensional de la calidad de vida, y desarrollo sostenible.

Artículo publicado en La Vanguardia

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