Saber envejecer con salud. Nueva etapa, nuevas funciones

Los avances médicos, el estilo actual de vida y los factores socioeconómicos han permitido que, fundamentalmente en los países desarrollados, se haya prolongado la existencia del ser humano, así como, en términos generales, la calidad de vida.

Frente a esta realidad, cabe preguntarse: ¿están el individuo y la sociedad preparados para ello?

El envejecimiento comporta la pérdida de protagonismo en la vida laboral, familiar y social, así como la necesidad de adquirir nuevas funciones y ocupar el tiempo de forma satisfactoria. Los cambios físicos y de las capacidades intelectuales, junto a la reducción de recursos económicos, condicionan limitaciones para seguir siendo valorado por el entorno social y establecer relaciones afectivas y sexuales en un mundo que idolatra la juventud, la belleza y la riqueza.

Las enfermedades y la reducción de la movilidad limitan la libertad y condicionan la dependencia de los demás. Fácilmente puede verse afectada la autoestima, hasta llegar a estados de angustia y depresión. Factores genéticos, nutricionales, económicos y sociales, así como otros desarrollados a lo largo de las etapas previas de la vida (como se explica en el otro artículo de esta misma página), pueden condicionar diferentes maneras de envejecer y de afrontar los últimos años de la existencia.

La sociedad, constituida por hombres y mujeres que ineludiblemente van a envejecer, debe afrontar con realismo los retos que plantea la población de individuos mayores de 60 años, que se calcula que en el año 2050 puede ser de unos 2.000 millones de personas en el mundo entero.

Uno de los mayores protagonismos recae en las organizaciones sanitarias. Se deberán hacer grandes esfuerzos para mejorar la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas asociadas a una mayor edad, así como también garantizar la asistencia y las necesidades de las personas mayores.

La sociedad debe ocuparse también de poner los medios necesarios para ofrecer una calidad de vida óptima a esta población, entendida como bienestar físico, mental, moral y material. Debe favorecer su integración y participación en la familia y en la comunidad, lo que es beneficioso para la salud, sobre todo psíquica, y la dignidad del individuo.

Será imprescindible replantear la edad de jubilación y los planes de pensiones para asegurar los recursos económicos en la edad avanzada.

Artículo publicado en La Vanguardia

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