Enseñar a sufrir. Tolerancia a la frustración

La frustración y la tristeza son inevitables. Es absurdo pretender resguardar a nuestros hijos de ellas. Tarde o temprano, la adversidad llegará y lo único que habremos conseguido tratando de evitarla y posponiendo el sufrimiento es hacerlos frágiles. Sólo si dejamos que los niños experimenten dolor y otras emociones difíciles podrán desarrollar habilidades para superarlas.

Padres y madres desean lo mejor para sus hijos y por lo tanto se preocupan por su bienestar. El bienestar debe ser una de las finalidades de toda educación, tanto familiar como formal. Lo cual a veces puede provocar un malentendido que conviene clarificar: el bienestar no consiste en estar sentado en el sofá de casa sin hacer nada; sino en implicarse emocionalmente en alguna actividad con sentido, con unos objetivos que se pretenden lograr con esfuerzo, y mucho mejor si están orientados al bien común. Cuando uno tiene frío hay dos formas de calentarse. Una es sentarse junto al fuego. Otra es ir a hacer leña para que los demás se puedan calentar. Curiosamente esta última opción probablemente caliente más que estar sentado junto al fuego.

Al intentar hacer leña, pueden surgir dificultades: mal tiempo, terreno abrupto, ausencia de árboles, etcétera. La frustración consiste en no conseguir lo que se esperaba: se presentan dificultades, obstáculos que dificultan o impiden el logro de los objetivos. La frustración es la vivencia emocional ante una situación en la que una expectativa (objetivos, deseos, proyectos, ilusiones) no se cumple. Y esto produce malestar y a veces sufrimiento.

Conviene aceptar que la frustración es inevitable. Sobre todo en la medida en que uno se propone muchos objetivos a lo largo de la vida. Por esto es importante que desde niños se aprenda a tolerar las frustraciones. La tolerancia a la frustración es la capacidad de continuar acciones a pesar de los contratiempos y adversidades. Una persona que tiene un nivel alto de tolerancia a la frustración necesita que esta sea muy alta para enfadarse, entristecerse o experimentar ansiedad y desistir de los objetivos. La tolerancia a la frustración es una capacidad susceptible de aprendizaje y tiene mucho que ver con resistencia al estrés y resiliencia (capacidad de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas).
Un nivel alto de tolerancia a la frustración indica madurez y equilibrio personal. Las personas con tolerancia a la frustración se caracterizan por tener un estilo de vida con menos estrés, con más resiliencia y con mayor bienestar. Estas personas no renuncian a objetivos por miedo a la frustración de no lograrlos; sino que afrontan las frustraciones de forma apropiada. Aceptan con más facilidad el dolor y el sufrimiento y su comportamiento representa el adagio popular de al mal tiempo buena cara.

Las personas con alto nivel de tolerancia a la frustración tienden a tener una alta motivación de logro y a obtener mejores resultados académicos. Los buenos deportistas son un ejemplo. Por esto es muy importante educar para tolerar la frustración. Algunas sugerencias recogidas de la educación emocional son las siguientes. En primer lugar se trata de tomar conciencia de la importancia de educar para tolerar las frustraciones. Esto permite reconocer cuando estoy ante una frustración: las cosas no salen como esperaba o como deseaba. Tomar conciencia que esto puede activar principalmente ira o tristeza. Si lo que se activa es la ira, hay un serio peligro de derivar en violencia de cualquier tipo. Si lo que se deriva es tristeza, pueden venir ganas de llorar y de desistir: no deseamos proponernos objetivos ambiciosos en el futuro. Aprender a regular la frustración es poner la energía necesaria para aceptar la situación, mantener la autoestima y actuar de forma positiva, con los condicionamientos ambientales y las características personales de cada uno. No se trata de hacer personas frustradas y contentas ante cualquier situación. No confundir frustración con sadomasoquismo. Ante la inevitabilidad de la frustración, se trata de educar en un difícil equilibrio: puede ser tan negativo una infancia sin frustraciones como una infancia con excesivas frustraciones. En la búsqueda de este equilibrio, conviene reconocer que no poder ir a jugar una tarde con los amigos es muy diferente de no poder jugar durante un mes.

ensenar_a_sufrirMadres y padres no tienen más remedio que poner límites a sus hijos. Los cuales lo perciben como una frustración. Algunos padres, para no frustrar a su hijo, tienden a renunciar a ponerle límites. Lo cual no es una medida educativa apropiada. Conviene tener presente que un niño con baja tolerancia a la frustración, alta impulsividad y que no le ponen límites, a la larga se puede convertir en una bomba de relojería que puede explotar en cualquier momento. La labor educativa de las familias no consiste en provocar frustraciones. Sino en observar y captar cuando esto sucede. En este momento se trata de sintonizar con la emoción del hijo; legitimar esa emoción; darle opción para que se exprese, aunque sea de forma abrupta, con improperios, quejas o desconsuelo. Escuchar pacientemente. No se trata tanto de consolar o dar soluciones como de comunicar, a veces sin palabras: estas cosas suceden, hay que aprender a superarlas y aquí estoy para apoyarte.

Artículo publicado en La Vanguardia

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s