¿Un fracaso puede ser positivo? Reacciones que sanan

Obtener un mal resultado en algo que nos habíamos propuesto, no conseguir lo que queríamos en cualquier ámbito de la vida… El fracaso nos afecta y puede pasar una seria factura a nuestro interior.

Ante él, las personas tenemos dos alternativas: superarlo y reaccionar positivamente o no superarlo y caer en la más profunda negatividad.

Para quien no logra superarlo, el fracaso puede convertirse en un problema psicológico o generar graves problemas subyacentes. La sensación de fracaso, el dolor causado por la herida, son percepciones subjetivas que pueden provocar reacciones psicológicamente nocivas, relacionadas a una forma de ser poco madura o equilibrada.

Son los mecanismos inmaduros: de negación (negarse a reconocer el problema), de proyección (echar la culpa a otro) y de racionalización exculpatoria (no razonar sino buscar una justificación exculpatoria para uno mismo).

Pero hay otra forma de enfrentarse al fracaso: crear reacciones positivas que son las que sanan y ayudan a desarrollar la resiliencia o capacidad de sobreponerse a la adversidad y al dolor emocional. Para generarlas, hay que mejorar en autoconocimiento y reconocer qué decisiones erróneas hemos adoptado desde el punto de vista técnico/profesional y ético.

Hay que razonar el fracaso con objetividad, preguntarse si uno ha puesto todos los medios posibles para conseguir el objetivo y analizar en qué medida han intervenido factores externos que no estaban a nuestro alcance controlar. La sensación de fracaso será más aguda cuanto más altas e irreales son las expectativas de éxito creadas y en las propias capacidades para conseguirlo.

Preocuparse por cómo ha quedado nuestra imagen, qué pensarán y dirán de nosotros es lo más patológico. Las terapias basadas en ayudar desinteresadamente a los demás, el fomento del esfuerzo personal para actuar mejor a partir de ahora y dar un sentido más profundo a las metas que nos propongamos, ayudan. Y si efectivamente toda o parte de la culpa del fracaso es de otros, hay que saber perdonarles.

Pero, sobre todo, ante el fracaso hay que desdramatizar, porque casi nunca es cierto aquello que decimos de que “esto es lo peor que podía haberme ocurrido”. Así que ríase de usted mismo y mejore en humildad. Porque la humildad proporciona alegría y aporta mayor realismo para enfrentarse a nuevos retos.

Artículo publicado en La Vanguardia

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