La eterna juventud. El tesoro más codiciado

El interés por la vida y por el envejecimiento es una constante en la historia de la humanidad. Mitos como el elixir de la vida, buscado por alquimistas, está presente en las culturas hebrea, griega y romana. El arte lo ha representado en obras como ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco o ‘La fuente de la juventud’ de Lucas Cranach. En la obra de Oscar Wilde es una constante.

Desde tiempos remotos, la búsqueda del elixir de la eterna juventud ha sido, aunque parezca increíble, el tesoro más codiciado de las civilizaciones existentes. Desde Roma a nuestros días, griegos, persas y egipcios han perseguido sin éxito la fuente de la eterna juventud. Para beber su elixir, para zambullirse en sus aguas y conseguir así la inmortalidad. Adán y Eva fueron expulsados del jardín del Edén por comer del árbol del conocimiento del bien y de mal: el único prohibido. Yahvé tuvo miedo del ser que había creado: el hombre fue expulsado del paraíso de la vida eterna. Fue la alquimia la gran precursora de la búsqueda de la eterna juventud. Los alquimistas sentaron las bases sólidas del moderno desarrollo científico: la biomedicina. El pasado nos empuja siempre hacia adelante y nos recuerda permanente los orígenes, la sabiduría acumulada a lo largo de los tiempos. Pero en el siglo XXI ni las pócimas de los antiguos egipcios ni los pactos con el diablo sirven ya. La cirugía plástica del futuro es otra cosa.
La tendencia del futuro en la cirugía plástica del siglo XXI es regenerar la piel para evitar su envejecimiento, este es futuro de nuestra especialidad. Actualmente existen estudios científicos que avanzan día a día bajo estas dos premisas: regenerar y evitar el envejecimiento. Todo ello gracias al tejido adiposo, la grasa; se ha comprobado científicamente que en la grasa existen muchísimas células madre mesenquimales que son células capaces de regenerar la piel, las cicatrices y el cartílago articular. Actualmente existen bancos de tejido graso del propio paciente y que mantienen este tejido en crioconservación para poder ser utilizado en el en el futuro. Todavía no podemos regenerar con las garantías suficientes, pero la cirugía plástica actual seguirá reparando, porque un accidente o un cáncer seguirán necesitando cirujanos plásticos reparadores, para conseguir una mayor calidad de vida del paciente. Si el cirujano plástico es capaz del reparar tejidos fundamentales, también está preparado para dar mayor calidad de vida a los tejidos más superficiales. Este es el camino de la cirugía estética: porque nos gusta vernos mejor para sentirnos bien y es ahí donde la habilidad del profesional nos permitirá enlazar mejor la edad del paciente con su aspecto.

La generación de los años cincuenta y sesenta hemos visto envejecer a los nuestros de una forma absolutamente diferente a la que lo harán nuestros hijos. Una persona de 70 años del siglo pasado era un anciano –según los últimos estudios en España la esperanza de vida se ha duplicado–. Hoy por hoy, una persona que conserve una buena salud puede empezar una nueva vida a los 60: algunos se casan y tienen hijos, eso es sinónimo que piensan en una longevidad larga que no les afecta la edad cronológica porque su edad biológica es menor. Los cirujanos plásticos gracias a la innovación biomédica y quirúrgica conseguimos equilibrar la edad que tenemos con la edad que sentimos.

Nuestra edad cronológica viene marcada por el DNI y la edad biológica es la que nosotros nos vemos y sentimos. A menudo no están bien equilibradas porque habitualmente la edad biológica suele ser menor que la cronológica, es decir, nos vemos más jóvenes de lo que somos y esto favorece que queramos estar mejor y deseamos mantener viva esta percepción que nos favorece. La cirugía estética entra de pleno en esta dicotomía porque junto a la sensación de encontrarnos bien somos conscientes de la realidad de envejecimiento de nuestra piel y de los tejidos. Es el momento, como dicen mis amigos italianos, de ripristinare, de recolocar los tejidos en la posición y condición de hace años.

Ilustracion-del-Temas-de-debat_54406388194_51348736062_224_270Envejecer no es malo; acumulamos experiencia y sabiduría. Adoptemos el lema “dar vida a los años y no años a la vida”. Intentemos conseguir un buen cuidado del cuerpo y la mente, con el sólido objetivo, de mejorar nuestra calidad de vida. Imaginemos que nuestro envejecimiento viene controlado por un gran reloj donde las agujas de las horas y de los minutos avanzan inexorablemente. El cirujano plástico puede retrasar esas agujas del reloj pero de ninguna manera pararlo. Después de un tratamiento estético te ves mejor porque tu imagen encaja con la que guardabas en el archivo de las imágenes bonitas de ti. Esto es lo que busco en un resultado de cirugía y medicina estética: en primer lugar la normalidad, huyendo de las exageraciones, y en segundo lugar obtener una armonía natural, que se vea bonito el resultado y que no parezca exagerado. ¿Culpabilizarnos por querernos sentir mejor? Nunca. Mejorar nuestro aspecto externo no debemos asociarlo al egoísmo sino a la generosidad en el sentido que si estamos contentos con nosotros mismos esto beneficiará a nuestro entorno familiar y profesional. Quererse uno mismo es un signo importante de madurez. Debemos hacernos un favor: cuidarnos.

Me gustaría terminar con tres pequeños consejos; no dejarnos envenenar con la alimentación y bebidas que nuestro cuerpo no tolera bien; hacer ejercicio por el placer de pasarlo bien, sin marcas a batir y mantener vivas las ilusiones.

Artículo publicado en La Vanguardia

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