El Maestro viaja al nacimiento del Río Orinoco

EL MAESTRO SANTIAGO VIAJA A VENEZUELA, EN PERIGRINACIÓN A LA FUENTE DEL NACIMIENTO DEL RÍO ORINOCO.

“Viajo a Venezuela con el propósito de llegar al extremo mas lejano de la extensa cuenca del Río Orinoco, donde brota el principal manantial de agua que aporta la vida a esta parte del Planeta, y permite la maravillosa y exuberante existencia de la naturaleza amazónica en el norte del continente sudamericano. Mi objetivo es contribuir a EXPANDIR LA ENERGÍA VITAL DEL UNIVERSO en toda esta cuenca, para POTENCIAR E INTENSIFICAR LA ARMONÍA ENTRE NUESTRO PLANETA Y LA HUMANIDAD, y realizar una investigación antropológica sobre las etnias amazónicas.”

“El Río Orinoco es el tercer río más caudaloso del mundo. Nace en el cerro Delgado Chalbaud, en la serranía de Parima, al sur del estado Amazonas, en Venezuela. Su recorrido es de 2.140 Km. Nace a 1.047 m. de altitud. La Serranía de Parima es una cadena montañosa que divide las cuencas de los ríos Orinoco y Amazonas. En el municipio de Iracema, en el estado brasileño de Roraima, se encuentran las Fuentes del mismísimo Río Orinoco.”

 

“Durante algún tiempo intento tramitar desde España un permiso especial para entrar en el estado de Amazonas en Venezuela. En la embajada de Venezuela en Madrid me dicen reiteradamente que esta cuestión hay que tramitarla directamente en el mismo Caracas. Que ellos no pueden hacer nada desde aquí. Por tanto decido irme para allá a solucionar el problema personalmente. Compro un billete de avión y salgo en vuelo directo a hacia Caracas. Tomo tierra en el aeropuerto Simón Bolívar y me traslado seguidamente a Caracas capital, donde me establezco momentáneamente.”

“Por la mañana comienzo a investigar como desplazarme oficialmente al nacimiento del Río Orinoco. Se me pone toda clase de impedimentos para que desista en mi Misión. Dicen que es una región restringida al turismo. Que hay que proteger a las etnias pobladoras de la zona de posibles contagios por las enfermedades de los occidentales. Que no se puede tomar fotografías. Que no hay transporte posible. Ni caminos. Ni carreteras. Ni alimentos. Y que para contestar a mi solicitud se necesita meses de espera.”

“Por tanto, compro un billete de vuelo comercial desde Maiquetía a Puerto Ayacucho, llegando al Aeropuerto Nacional Cacique Aramare. La ciudad de Puerto Acapucho es actualmente el más importante poblado de Amazonas. Tiene puerto fluvial, aeropuerto, dos importantes carreteras, catedral, Museo etnológico de amazonas, mercado indígena, cuatro balnearios… Es la capital del estado Amazonas y su localidad más grande. Fue fundada en 1924. Se ubica a la orilla del Río Orinoco, al norte del estado en el municipio Atures. Sus pobladores son mayoritariamente mestizos. Las etnias indígenas Yanomami, Piaroa, Barí y Guajiro viven en comunidades circundantes a la capital .”

“Visito el Museo etnológico de Amazonas “Monseñor Enzo Ceccarelli”: donde se cuenta con detalle la historia de la llegada de los misioneros al lugar. Me documento detalladamente sobre la historia, las costumbres, y la vida social de los Yanomamos. Realizo un profundo estudio antropológico sobre esta etnia que vive en el alto Orinoco, en el nacimiento de la “Fuente de la Vida”, donde pienso trasladarme seguidamente. Compro todos los libros que están a la venta en la tienda del Museo, para llevármelos a la Biblioteca del “Centro de Energía vital del Universo” en Barcelona. Tienen la amabilidad de dejarme fotocopiar todo los libros originales disponibles que les solicito para documentar mi tesis sobre “La antropología científica de las etnias amazónicas”.”

“Busco la manera de llegar al nacimiento del Río Orinoco. Tomo contacto con algunos patronos de lanchas motoras con capacidad de remontar el río. Ninguno me inspira demasiada confianza. Aparte de la critica situación que plantean para superar unos rápidos que hay en el curso del río. Ante la imposibilidad de llegar al final del trayecto por vía fluvial. La mitad del camino debería hacerse a pie, en plena selva amazónica, siguiendo un trayecto paralelo al cauce del río. Además la ejecución de este plan pedestre llevaría algunas semanas de tiempo. Cosa que no me puedo permitir. Se me ocurre otra alternativa posible. Sobrevolar el río Orinoco en una avioneta privada.”

“Me pongo en contacto con una empresa de alquiler de avionetas. Llegamos a un acuerdo económico. Realizo el pago al contado y por adelantado, con la condición de volar por encima del cauce del río hasta llegar a su nacimiento y regresar, además de visitar por el camino un poblado indígena de los Yanomanos. Quedamos para mañana a primera hora.”

“Es preceptivo para tener la autorización de vuelo para despegar del Aeropuerto Nacional Cacique Aramare, presentar un plan de vuelo, con el destino y la hora estimada de llegada y de regreso al punto de partida. Conseguimos la autorización. Me presentan al piloto. Subimos a la cabina. Nos acomodamos en los asientos, y emprendemos la trascendental expedición a la “Fuente de la Vida”. Sobrevolamos la selva amazónica durante varias horas, hacia nuestro “Destino Universal”.”

“Es impresionante mirar desde arriba, en el cielo abierto, a los cuatro vientos, rodeado de castillos de blanquísimas nubes, con sus diferentes formas y figuras, simulando caras de personas o formas de animales. Hace un sol limpio y deslumbrante. Debajo la extensa, infinita e inacabable arboleda amazónica de un verde vivo e impactante. Estoy dentro del verdadero pulmón que oxigena y da la vida a nuestro Planeta.”

“Estamos volando entre formaciones de nubes de estratos y de cúmulos, más arriba hay grupos de nimbos como verdadero algodón entretejido. Es maravilloso. La fuerte evaporación de la humedad de la selva amazónica es tan intensa, que la misma nube que se está formando más abajo, al condensarse las gotas de humedad, se convierte en agua y se precipita en forma de intensa lluvia. Todo sucede al mismo tiempo. Un Sol deslumbrante, espectaculares nubes, lluvia intensa, un fuerte viento, y los arco iris. Lo más extraordinario es la formación de los arco iris simultáneos, tres, cuatro, y hasta cinco a la vez. Y no tienen forma semicircular, como los que vemos desde el suelo, sino que vistos desde arriba parecen alfombras o banderas multicolores, empezando por el rojo y terminando por el violeta, pasando por el anaranjado, el amarillo, el verde, el azul y el añil. Son los siete colores desplegados por el Universo, que proceden de la luz desglosada del astro Sol. Es la representación metafísica del ” Bien en si mismo”. En esta hora del día no aparecen, ni los grises que se forman en la penumbra del ocaso, ni el negro intenso que representa la oscuridad en una noche cerrada y sin el reflejo lunar. Estamos viviendo en la Plenitud de la Luz, en la Iluminación Divina. ¡Que Paz! ¡ Que tranquilidad! Estamos en el Séptimo Cielo. En el centro mismo de la grandiosa y exultante manifestación de la Naturaleza.”

“Le comento al piloto que hace muchos años, cuando era más joven me llamó mucho la atención la aeronáutica. Llegué a apuntarme en un curso para vuelos en aeroplano en el Real Aero Club de la capital donde vivía. Acumulábamos horas de vuelo en una “Píper” clásica, que no ofrecía ninguna seguridad. Y de repente me dice: ¡Tome los mandos! ¡Es toda suya!. Que susto me dio. No faltaría más. Acepto el reto. Aquí arriba no hay carreteras, ni cruces, ni semáforos, ni guardias de tráfico, ni multas, ni ceda el paso.”

“Estoy volando solo, sin ningún miedo, ni riesgo alguno, en medio de los elementos de la Naturaleza. Y en este instante, como un pájaro liberado. Como el Ave Fénix que resurge de las cenizas de la ignorancia Existencial. SIENTO QUE ME AFIRMO Y REAFIRMO. QUE ME TRANSMUTO EN LA SABIDURÍA, EL CONOCIMIENTO Y LA COMPRENSIÓN UNIVERSAL. QUE ME FUNDO EN EL UNO CON “LA ENERGÍA VITAL DEL UNIVERSO”. Que alcanzo lo que busco incansablemente desde el inicio de esta y otras Peregrinaciones: El cumplimiento de la Misión encomendada.”

“Desde aquí arriba, y en este momento, ME POTENCIO, ME INTENSIFICO Y UNIFICO PLENAMENTE CON EL UNIVERSO. DESTRUYO LA IGNORANCIA Y LA OSCURIDAD QUE ME ENVUELVEN, Y ALCANZO FINALMENTE LA ILUMINACIÓN NECESARIA PARA AYUDAR A LA HUMANIDAD.”

“Estamos sobrevolando río arriba el Orinoco. Divisamos a lo lejos un poblado indígena. Pasamos en vuelo rasante por encima de las empalizadas que envuelven un grupo de chozas. Vemos unas piraguas en la orilla del río y algunas gentes observándonos. Circunvalamos la zona para aterrizar. Es imposible tomar tierra. Sólo se ven las copas de los árboles y una espesísima vegetación. De repente aparece por unos momentos en nuestro ángulo de visión aérea, una franja estrecha y alargada de vegetación deforestada. Es una pista de aterrizaje improvisada, oculta en la selva. No aparece en ningún mapa oficial, ni en ningún plan de ruta conocido. Estas pistas están habilitadas para recibir avionetas temporalmente hasta que el ejército las localiza. Al ser descubiertas, son inmediatamente abandonadas por sus usuarios, y la altura de la vegetación que hasta ahora las ocultaba a las inspecciones aéreas, las vuelve a hacer desaparecer, cubriéndolas de maleza definitivamente. Se supone que por su proximidad con la frontera de Brasil, las utilizan los traficantes brasileños o colombianos. No les importa. Vuelven a construir otra pista en cualquier sitio nuevo oculto, temporalmente ilocalizable.”

“Circunvalamos la zona para ir perdiendo altura y enfilar directamente la pista de aterrizaje. El piloto para el motor. Cierra el paso de la gasolina. Estamos descendiendo, planeando muy suavemente. Y finalmente tomamos tierra. Estamos rodando por encima de un campo de hierba cortada que se engancha en el patín del freno de las ruedas. No sucede nada preocupante. Hemos llegamos bien. Bajamos de la avioneta. Estamos totalmente rodeados por un numeroso grupo de indígenas “Yanomamis”. Nos miran con mucha curiosidad. Van casi totalmente desnudos. Hay muchos niños revoloteando a mi alrededor. Las madres llevan a sus bebes en brazos o colgados a la espalda. Son muy bajitos. Y nos invitan a visitar su poblado.”

“Con aire de despreocupación, o quizá de despiste, salto de la avioneta en chancletas, y me olvido los zapatos protectores que uso normalmente. De repente noto un cosquilleo encima del empeine de mi pie derecho. Es una gran araña negra peluda, con un caparazón de unos dos dedos de tamaño que avanza hacia mi tranquilamente. Por puro acto reflejo me la saco de encima al instante, sin aplastarla, ni matarla, con un rápido golpe seco del mapa doblado que llevo en la mano derecha, para determinar el lugar donde hemos aterrizado. Parecía una tarántula. Los indígenas se han quedado impresionados por la rapidez de mi gesto, de mi naturalidad ante el incidente, que podía llegar a ser un grave accidente, y de no hacer ningún aspaviento, ni grito o manifestación extempórea que delate miedo o temor. Por tanto en lo que cabe, puede decirse que he entrado con buen pie en la tierra de la “madre naturaleza” , en la selva amazónica. Con este gesto magnánimo que he tenido con el arácnido me he ganado la simpatía , la admiración y el respeto de estas gentes, que protegen fundamentalmente la naturaleza y respetan el valor de la persona humana.”

“Los “Yanomamis” son una etnia indígena americana caracterizada por su solidaridad y respeto por la naturaleza. Hablan diferentes lenguas, pero se entienden bien entre ellos. Su población actual es de unas 22.000 personas. Habitan todos entre los estados Amazonas (Venezuela) y Roraima (Brasil). Actualmente se encuentran seriamente amenazados por la globalización y la transculturización. La invasión colonial, la conversión religiosa, la asimilación de una cultura superior a la suya, y la despoblación por las enfermedades traídas por la civilización, están afectando negativamente su estilo de vida tradicional. Hay un serio peligro de extinción.”

“Viven desperdigados por la selva tropical, en aldeas separadas por muchos kilómetros de tierra deshabitada. Se concentran principalmente en la zona de la cuenca del río Mavaca, en los afluentes de Orinoco, en la Sierra Parima. En las aldeas pequeñas viven entre 40 y 50 personas. En las grandes pueden llegar hasta las 300. Sus aldeas “Shabono” se construyen en círculo y son completamente abiertas. Dentro viven varias familias como una comunidad. Comparten con las otras familias la caza, la pesca y las cosechas. Se reúnen alrededor de la hoguera , en el centro del “Shaboro”, comen ,conversan, fabrican su utillaje, y explican sus historias, mitos, leyendas, y enseñan a los niños sus tradiciones.”

“Sus expectativas de vida es de unos treinta años. Son inteligentes. Se a dado el caso que los misioneros americanos que les han catequizado, se han llevado algún indígena a Nueva York para estudiar en la Universidad para intentar mejorar su estatus social. Pero no logran aceptar la nueva realidad y finalmente regresan a la tierra de sus antepasados. Practican el “chamanismo”. Su vestimenta es muy sencilla. Se desplazan continuamente. Son nómadas. El ciclo productivo de los alimentos que cultivan en sus huertos es de dos o tres años (plátanos, ñame, batata y malanga.) Cuando la tierra se agota, se crea una nueva plantación o un nuevo poblado en otro lugar. Practican la caza todo el año, individualmente o en grupos. Aún utilizan el arco y la flecha. Son al mismo tiempo pacificadores y valientes guerreros. La mayoría de sus jefes tienen fama de “waiteri” fieros. La pacificación pasa a menudo por la amenaza o el uso de la fuerza. Actualmente siguen utilizando motivos “trivales” ancestrales para decorar con pigmentos naturales sus cuerpos. Su economía es básicamente de autoconsumo. Elaboran sus propias pertenencias (cestas, garrotes, arcos y flechas). Y no tienen relaciones comerciales con los pueblos vecinos.”

“Utilizan un veneno llamado “curare”, con el que untan las puntas de las flechas para cazar y procurarse alimento. También consumen “epená”, la droga que utilizan los “chamanes” en sus rituales curativos para comunicarse con sus ancestros. Se introduce en las fosas nasales del “chamán” un poco de polvo “curare”, y se le sopla con un palo hueco en sus fosas nasales. La pesca la practican con menos frecuencia. Utilizan las flechas para pescar. Con una especie de planta llamada “timbó” salpican el agua para atontar a los peces.”

“Terminamos la cordial visita al “Shaboro” de los Yanomami. Nos acompañan a la avioneta. Nos despiden con efusivos gestos. Nosotros les correspondemos. Nos ayudan a empujar el aeroplano hasta girarlo y ponerlo en posición de despegar. El piloto acelera el motor hasta alcanzar las máximas revoluciones. Empezamos a rodar por la corta pista de hierba. Por fin el morro se levanta. Ya estamos en el aire. Damos una pasada por encima de sus cabezas despidiéndonos. Y seguimos el vuelo en dirección a “la Fuente de la Vida”, en la misma frontera con Brasil.”

“Mientras vamos remontando el Río Orinoco, el cauce se va estrechando. Volamos tan bajo que podemos apreciar la espuma que hace el agua al chocar contra las rocas. Este piloto es un poco alocado. Hace unos vuelos rasantes como si fuera un aviador de la RAF de la segunda guerra mundial. Me tiene un poco mareado con tanto movimiento zigzagueante. Preparo mi cámara para fotografiar el histórico momento. Estamos llegando cerca del nacimiento del Río. Me advierte que vamos a pasar por encima de una guarnición militar en la frontera con Brasil. Y como nos están oyendo llegar, y no les vamos a contestar por la radio, igual se molestan y nos mandan un chupinazo de aviso. No sería la primera vez que le han disparado. Me comenta que a malas cuando reaccionen ya habremos sobrepasado su ángulo de tiro. Pasamos por encima de la ciudadela militar sin novedad. Deben estar haciendo la siesta. Ya estamos en la vertiente brasileña de la cuenca amazónica. Enfilamos directo hacia el cerro Delgado Chalbaud, en dirección a Venezuela. Pasamos por encima del municipio de Iracema. Estamos encima de las mismas Fuentes del Río Orinoco. Por fin hemos llegado. Damos una vuelta de reconocimiento para asegurarnos que la posición verificada es la correcta. Y AFIRMAMOS: NOS , EL MAESTRO SANTIAGO, INVOCAMOS AL UNIVERSO, PARA QUE CON SU ENERGÍA VITAL INTENSIFIQUE LA VIDA E ILUMINE LA EXISTENCIA DE LA VIDA DE LA HUMANIDAD EN EL EQUILIBRIO Y LA ARMONÍA CON NUESTRO PLANETA Y LA NATURALEZA DE SU ECOSISTEMA.”

“Seguimos volando en dirección a Puerto Ayacucho. En el camino paramos en un pequeño aeropuerto militar a repostar. La pista de aterrizaje es de cemento con juntas de asfalto. Mientras el piloto esta en la torre de control saludando a sus amigos, un guardia del recinto esta observando que las ruedas de la avioneta estan llenas de fango y yerba arrancada del suelo húmedo de la selva. Se hace evidente que nos habíamos desviado de la ruta autorizada. Me mira fijamente. Como el que sabe. Sonríe levemente. Nos saludamos, y pasa de largo.”

“Al atardecer llegamos a Puerto Ayacucho. Su jefe nos esta esperando. En la parada a medio camino le han regalado al piloto un saco lleno se suculentas piñas tropicales. Que por cierto cuando están en su punto de madurez, despiden un olor tan intenso y agradable, que se te hace la boca agua. Le ofrece al jefe dos piñas para su señora, y a mi me regala otras dos. Todo un detalle por su parte. ¡Ha!, me olvidaba decirlo. Además de un buen piloto, nos hemos hecho buenos amigos, y se llama José.”

“A la mañana siguiente emprendo el vuelo hacia Caracas, y de allí salgo con destino a Barcelona.”

“LA MISIÓN HA FINALIZADO EXITOSAMENTE. MUCHAS GRACIAS UNIVERSO. ME SIENTO CADA DÍA MUCHO MEJOR EN TODOS LOS ASPECTOS DE LA VIDA.”

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